¡¡Hola chic@s!! Hoy os voy a contar uno de los más maravillosos tratamientos de belleza que existen, sobre todo, si os gusta el chocolate... entonces disfrutaréis como enanos. Algun@s, como ya habréis leído, sabéis que uno de los regalos de Kakashi-sensei para nuestro aniversario fue un tratamiento de CHOCOTERAPIA y...¡¡es genial!!
Mi tratamiento en concreto, me lo aplicaron en las Termas Hippolytus que son de lo mejorcito. Desde fuera puede no parecer gran cosa, pero una vez accedes a su interior, la cosa cambia. Está todo decorado con un estilo clásico y gracias a la tranquilidad, el olor y la musiquilla, parece que cruzando esas puertas de cristal el mundo cambia, dejando fuera el estrés...

Pero, no me voy a ir por los cerros de Úbeda, y voy a explicaros mi tratamiento en sí (en futuras sesiones, os comentaré el circuito jojojo). El viernes pasado me dirigí a tan maravilloso sitio, esperando poder relajarme que últimamente me hacía falta.
Cuando llegué una muchacha muy agradable llamada Inma y que sería quien me aplicaría el tratamiento, me dirigió hacia una de las cabinas en las que, cuadrando con una perfecta armonía cálida y de aspecto romano, estaba una camilla de masajes, un profundo olor a cacao y una ducha con un mosaico en el suelo. Me dijo que me desnudara y me dio un tanga desechable y unas toallas, que en unos minutos regresaría.
Una vez me hube cambiado y me tumbé en la cama, llegó a los pocos segundos y me explicó en qué consistía el tratamiento. En primer lugar, me dio un masaje exfoliante con sales exfoliantes con extrato de limón y vitamina E, que tienen propiedad refresacantes y tonificantes. A través de este paso se pretende proporcionar un tono uniforme del color de la piel mejorando las zonas de aspecto más seco y dejando la piel más suave y luminosa. En resumen, fue una verdadera delicia durante más o menos 15 minutos, así que también dejó mi cuerpo preparado para poder tomar el sol de forma unificada. Tras ello, procedió a quitar los restos de sal para aplicarme el chocolate calentito.

La verdad es que un aroma a cacao invadía toda la habitación, a lo que ella y yo decíamos que era una pena no poder comerlo. Me aplicó una mascarilla de cacao natural por todo el cuerpo que proporciona una gran hidratación, nutrición y regeneración de la piel, creando una accón antiestrés y de relax. Posteriormente, me envolvió (cual bombón) con un pequeño plástico, cubriéndome con unas toallas para que no perdiera calor y el chocolate penetrara en la piel. Así estuve 20 minutos, relajándome con la suave música entre Terra Media e irlandesa.
Una vez pasó este tiempo, me ayudó a quitarme las toallas y el plástico y me llevó a la ducha para que me quitara el chocolate. Costó un poquito (se vé que era de lo más espeso jejeje) pero mi piel quedó radiante.
Finalmente, y para terminar el tratamiento, me dio un masaje por todo el cuerpo con una crema reductora antiestrés de chocolate rica en nutrientes procedentes del cacao y con propiedades emolientes, relajantes y rejuvenecedoras, que proporcionan una acción antioxidante y que favorece la hidratación y regeneración cutánea y, además, ¡¡con un maravilloso olor a chocolate!!
Tengo que reconocer que la fisioterapeuta que me atendió fue un encanto e hizo todo de lo más ameno, igualmente, me dio un masaje extra en los hombros que tenía de los más cargados por el entrenamiento de judo, así que...¡¡genial!!
En conclusión, os recomiendo este tratamiento, sobre todo, si os gusta el chocolate porque, además de todo lo que hace para que nos quedemos guap@s y suavitos, consigues relajarte, sentirte como un bombón y, por supuesto, ¡¡comérte al menos dos!!
Un besito!!!!
2 Burbujitas:
Yo con mi choco acabé de lo más encantada de la vida... Me quería lamer, pero no me dejaron.
¡Malvados!
Yo a la choco no he ido pero si hacemos una quedada para ir todas me apunto. El circuito relax fue una maravilla. Me vendria bien que este año po el tiempo o lo que sea ando muy tensa.
No te dejan probar el choco antes de untarterlo??? chocooooooo... uohhhhhh...
Besitos. ^^
Publicar un comentario en la entrada